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jueves, 5 de septiembre de 2019

Happy With What You Have To Be Happy With: King Crimson y su 50 aniversario.



Happy With What You Have To Be Happy With



“El arte no es lo que ves,
sino lo que haces que otros vean.”

Edgar Degas






Como preámbulo a mi experiencia de la gira más reciente, regresemos dos años atrás, cuando King Crimson volvió a suelos mexicanos. Llegué al Teatro Metropólitan con incertidumbre y emoción por ver al grupo liderado por Robert Fripp, era la primera vez que podría verlos en un escenario que no fuera el de los DVD’ s que coleccionaba. En 2003 yo aún era muy joven para verlos en el Auditorio Nacional,  y qué decir de sus conciertos en los 90’s aun en su etapa doble trio (Belew, Brufford, Gunn). Así que aquel día de julio llegué temprano y tomé asiento. Cerré los ojos y me dejé ir. Al salir tuve una sensación como quien acaba de degustar  un platillo perfecto, con la sal y los condimentos exactos, aunque con el sinsabor ocasionado por la falta de sazón, sin alma. Un platillo ejecutado a la perfección, lleno de técnicas pero no de amor.

Ya para el concierto de este año, pese a mi poca expectativa a causa de la experiencia anterior,  el concierto del 23 de agosto sí logró superar todo lo que esperaba. “King Crimson solo puede superarse a sí mismo” me dijo un amigo, y tenía razón.

Ese día entré un poco tarde al recital pues pensé que no serían puntuales como en la ocasión anterior. Ya habían empezado con “Larks Tongues In Aspic I”, así que sólo tomé mi asiento entre dos chicos mucho más jóvenes que yo y dos hombres más maduros que en ciertos momentos me miraban con un gesto raro, ¡si señores, vine sola a ese concierto! No iba como acompañante (era obvio pues cuando llegue en la fila solo había un lugar vacío, era el mío) vengo porque también soy fan, incluso quizá, hasta antes que ustedes.

Conocí a King Crimson en mis adolescentes 14 años, gracias a mi amor platónico de secundaria. Con él podía platicar de la música que me gustaba, me sentía menos incomprendida. Desde la primera vez que descubrimos el gusto mutuo por Pink Floyd se fue gestando nuestra amistad y a él le gustaba compartir música conmigo. Mi vena progresiva se estaba descubriendo, pasábamos las tardes escuchando sus discos o los míos. Porcupine Tree, Ill Balleto di Bronzo, incluso La Barranca tuvo sus menciones en esas tardes de lluvia, de agua estancada afuera de mi salón. Recordar la portada del Meddle y los debates sobre si era la oreja de un cerdo o qué diablos era eso que se ve en la cubierta del disco. Le compartía mis audífonos y eran las tardes más bellas que yo recuerdo en tercero de secundaria.

Fui a la prepa y me eduqué por mí misma en el arte del progresivo y del rock en general. La última vez que vi a mi amigo le pregunté si había ido al concierto de Steven Wilson (2013) después de recomendarme que escuchara a Tame Impala, en realidad no recuerdo qué me dijo del concierto, me dio un abrazo de despedida y me dijo sonriendo “Iris, ya pórtate bien” y entendí que eso de acosarlo afuera de la secu no era apropiado. Yo solo quería saber de él. Me hubiera gustado verlo en cualquiera de estos conciertos, decirle que ha sido como un mentor para mí, no solo por la música ni los libros, por las experiencias que me contaba y que yo a esa edad no comprendía a pesar de que me consideraba muy madura, me sentía como una puberta equivocada de época. Y él siendo veinte años mayor que yo, tenía mucho que contarme.

“Close your eyes and look at me I'll be standing by your side.”

En la sala de concierto, cerraba mis ojos mientras escuchaba la perfección que existe en la ejecución de cada instrumento, la precisión, la complicidad que hay entre los músicos ahí instalados, sincronizados, y con esa música de fondo pensaba en él y lo buscaba entre las sombras.

Yo cerraba mis ojos para no llorar, pensaba en mi sueño frustrado de ser músico. Pensaba qué hubiera sido de mí si hubiera tomado otras decisiones en el pasado ¿Me estaría encaminando al virtuosismo? ¿Estaría de gira con mi propia agrupación? ¿Ya habría tirado la toalla? 

“Come alive in your eyes you don't have to hurry, you don't have to try. Cause you don't have a care you're walking on air…”

Luego de divagar y tararear una canción que solo existió en mi imaginación en ese instante,  seguí atenta al gran talento que aunado a la disciplina de Fripp y compañía era algo que envidiaba. El pecho se me hinchaba de escuchar el silencio del público (que duraba muy poco) y el virtuosismo impreso en cada nota, en cada golpe, en cada latido. El más cercano a mi visión era  Gavin Harrison, el miembro más joven de los Crimson. Lo veía concentrado y estudioso de sus compañeros. La complicidad de la que hablaba antes, entre él,  Pat Mastelotto y Jeremy Stacey retumbando en la ex sala de cine.

Más atrás Jakko Jakszyk daba voz a al Rey Carmesí y por momentos lanzaba algunas notas greg-lakeoneanas. Su propia versión de “Indiscipline” (arreglo que no me gustó  desde el concierto pasado) te alejaba totalmente de la del simpático Adrian Belew. A su lado Tony Levin hacia magia con sus manos sobre el bajo, el ambiente tenía más profundidad. Los vientos de Mell Collins también matizaban  las piezas con sus notas más clásicas, no dejaba vacíos, no había espacios en las melodías.

Robert Fripp, elegante, atento, serio, enfocado. Su guitarra y el mellotrón como compañeros en su propia isla. La luz casi no lo ilumina, y no solo a él, en realidad no hay juego de luces, no hay escenografía, el escenario es sobrio y a la vez está lleno de virtuosismo, cual reflejo  del creador, una proyección de Fripp. Robert no es el líder que estamos acostumbrados a ver, no necesita láser para montar un show, no hay   imaginería ni parafernalia, no hay abuso de la tecnología para montar una escenografía, no lo necesita.   No es el frontman, pero dirige el reino carmesí desde su lugar y sin palabras, solo con miradas. ¿Es un rockstar? Sí, pero a su propio modo.




A veces me imagino si la personalidad de Robert Fripp es una elección, si en ese gran genio creador existe un hombre retraído, si está realmente en una introspección a causa de sus propios temores, las fotos, las luces, el aislamiento, la gente. Eso sería una salvación para mi personalidad introvertida (Un obstáculo para no continuar la música fue el miedo a las multitudes,  más que pánico escénico, una fobia)  O tal vez solo sea un artista excéntrico… (mamón pues).


Fue muy curioso ver desde mi lugar al público moviéndose al ritmo de “Red” como en un concierto de metal, y pensé en todas las bandas que hoy existen gracias a los sonidos progresivos y específicamente los de King Crimson ¿Cuánto le deben? Un chingo. Es notoria la influencia en cada uno de sus herederos.

La gente no dejaba de aplaudir, de gritar y de cantar en “Epitaph”, y me sucedió algo parecido cuando en los conciertos de Roger Waters la gente se emociona con “Another brick in the Wall part II”, entre emoción y pensar “son unos pinches posers”.  Escuchar algo del álbum The Power to Believe fue una experiencia muy grata, “Elektrik” fue como una hipnosis, demasiada energía desbordada y las baterías que enloquecen a cualquiera. Luego “Frame by Frame” y su inicio a capela fue muy bello, pero yo preferiré siempre a Belew.

Ya para el final y con mi vejiga a reventar,  “Easy Money” fue como un respiro, me relajé y disfrute escuchar esta canción en voz de Jakko, eso sí me pareció atinado. “Starless” fue hermosa, las estatuas del Metropólitan enrojecidas con la luz y con el sentimiento (a mí me pareció que sí hubo una entrega más neta en esta ocasión) hizo que olvidara los litros de agua estancados en mi ser. Y creo que si fue una de las mejores piezas de la noche.

Al verlos, al escucharlos, pensaba que no ha de ser fácil mantenerse vivo durante medio siglo, cuando la música actual ya no ofrece nada, y escuchar a la Corte de Robert Fripp  llena de extravagancias, de exquisiteces, si bien, más que darte un respiro hacia el futuro, te preguntas en qué momento nos perdimos como humanidad y dejamos de hacer arte. King Crimson es sinónimo de vanguardia y a la vez fue generador de sonidos nuevos, lleno de colaboraciones desde sus inicios y  gran semillero de talentos. Yo no sé qué tan honesto sea vivir de las viejas glorias, pero las generaciones más tiernitas agradecemos vivir estas experiencias, hoy que la belleza ya no es indagada y nos damos a los placeres inmediatos y desechables.

Obviamente el concierto cerró con In “The Court of the Crimson King” y ya no volvimos a verlos. El aplauso de la gente no pudo sacarle ni una palabra a ninguno de los siete miembros de la agrupación. Todos agradecieron pero muy al estilo Fripp. Aunque sus gestos eran de felicidad y eso sí, hasta ese momento se podían tomar fotos. Yo no tome ninguna, y hoy hago este ejercicio de recordar usando mi memoria orgánica y es como si volviera a estar ahí, con todo y mi vejiga llena.



sábado, 18 de mayo de 2013

El día que aprendimos a callarnos y a escuchar. Steven Wilson, México 14 de Mayo 2013


El día que aprendimos a callarnos ..



“… las palabras suenan, los sonidos hablan.”
Richard Strauss



Hace poco escribía mi experiencia primera con la música de Porcupine Tree y mi acercamiento con Steven Wilson, y en mi surgía una duda: ¿podría “The raven that refused to sing and other stories” ser uno de los discos más influyentes en veinte años?. Después del 14 de mayo me quedó claro que si la obra como tal no llega a serlo, su creador, Steven Wilson es un músico que no tiene que esperar otros veinte años, ya lo logró.

Su capacidad es de otro nivel. Tampoco diré que no hay nadie con ese virtuosismo, porque si los hay, y ya los hubo también, pero sin duda pocas veces tenemos la fortuna de presenciar algo así en un escenario. Hay músicos que nos entregan piezas extraordinarias en las grabaciones, pero al momento de ejecutarlas “en vivo” sentimos que nos quedan a deber. Ese no es el caso de Wilson, con él sucede todo lo contrario.

El concierto se basó en su reciente disco, siendo Luminol el primer tema de la noche. Todo un despliegue de  pulcritud también por parte de la banda que lo acompaña. Steven estuvo muy “platicador” agradecía en español e incluso dijo que era una maravillosa ciudad (casi sin leerlo). Continuó con Drive Home, Pin Drop en la que ya se sentía mucho más intenso el ambiente, el sax, la batería, todo se amalgamaba tan a la perfección… luego vino un tema de “Grace of Drowning” Postcard.

The Holy Drinker no tuvo madre, se notaba una fuerza, una energía… por donde se vea si fue un concierto impactante. Si hubo un gran juego de luces pero nada exagerado, nada de parafernalia, ni hizo falta, tan solo el escuchar cada nota integra fue suficiente para tener casi una experiencia pacheca, religiosa o como se quiera entender, y digo casi porque no fue ahí donde se alcanzó el clímax de la noche. Después de éste orgasmo auditivo tocaron Deform to Form a Star donde se notó un gran trabajo en el teclado.

Se hizo una pausa, bajó un delgado telón que proyectó algo que a mí en realidad me recordó a Time de Pink Floyd. Sonidos de reloj, un hombre parpadeando, manecillas que cuentan el tiempo que se nos va yendo… todo esto para darle entrada al tema The Watchmaker. No quiero sonar repetitiva, pero de verdad todos los músicos son de un gran nivel, la flauta, además de la guitarra, se hicieron casi los protagonistas de la primera parte del tema, la batería, el bajo lograron que algunos empezaran a agitar las cabezas, las matas al final de la pieza. Creo que en éste tema se logró que cada músico se explayara.

Aquella manta se quedó ahí sobre el escenario, proyectando el video de Index. Ahí vimos a un Wilson muy rockero, lo vimos más prendido. El juego de sombras al final también fue maravilloso.

Por fin cayó el telón, y mientras lo retiraban el tema Insurgentes empezaba a sonar. De fondo unas tomas de Xochimilco y además de que la canción es profunda, bella, intensa, el ver ese lago que pertenece al país donde vives fue algo que a la mayoría nos partió el alma y nos hizo derramar alguna que otra lagrima, And your dream absolve, and your path dissolve … así como la palabra “Insurgentes” se quedó en la mente de Steven Wilson como un mantra, a mi esa letra se me quedó todos éstos días.

Del mismo álbum, no podía faltar Harmony Korine, que sí, fue de las más “coreadas” de la noche, todos nos volvimos locos, las luces eran más intensas, rojas, al menos yo las sentí así. Aún no habían terminado todos los temas que conforman el último disco de Wilson y que fue el pretexto de la gira, faltaba uno y en realidad no quería que fuera el siguiente, porque sería el último de esa noche tan maravillosa. Y afortunadamente no fue así, No Part of Me hizo que me calmara un poco. Y creo que a todos porque fue de los pocos temas en los que la mayoría estaba sentado.

Antes de empezar el otro tema, Steven nos pidió (casi como ruego) que guardáramos silencio en la siguiente canción, que si teníamos algo que decir lo hiciéramos ahora, y la gente comenzó a gritar, una vez desahogada, pudimos ser testigo de ahora sí, el clímax de la noche, Raider II era esa pieza larga que Wilson había prometido y en la cual requería nuestro silencio absoluto. Más de veinte minutos nos mantuvo por primera vez callados, así además de dejarlos ejecutar su pieza, escuchamos con atención y claridad.

En esa canción, tuve una visión, un viaje a épocas pasadas. Imaginaba que así se sentía ir a un concierto de King Crimson, ver a esos genios haciendo música que te transmita, que te haga sentir algo más allá de ti. Imaginaba que así era cuando el público escuchaba en completo silencio Echoes (Pink Floyd), y al despertar de ese sueño etéreo, me di cuenta que éste muchacho es el gran heredero de esas bandas, de aquel sonido progresivo, de esa técnica, de esa manera de hacer música. Hace música educada, como ya no se hace últimamente (y nosotros deberíamos educarnos también).

Y como nada en la vida es para siempre, vino The Raven That Refused to Sing. Todos los sentimientos a flor de piel, las lágrimas otra vez hicieron su aparición. Por el tema y porque anunciaba el final del recital. El cuervo cantaba en la proyección, cantaba en mi alma, y luego dejó de cantar, así como en la historia que cuenta la canción. Please stay with me…ahhh! Ese nudo en la garganta. Logró conmovernos por todos lados.

De repente se fueron esos 6 hombres que me habían hecho muy feliz… pero regresaron para mi fortuna y la de muchos. Steven dijo que tocaría una pieza de Porcupine Tree, sería alguna de los primeros tres discos, y el encore fue Radioactive Toy. Y ya, no pidan mas porque no hubo otra, creo que fue el único tema en el que todos coreamos al parejo. Luego presentó a los músicos que lo acompañan, todos se llevaron una gran ovación, sobre todo Guthrie Govan (guitarra) y Nick Beggs (bajo).

Y fue así como dio por terminada esa gran noche en el Teatro Metropólitan, ese gran concierto que nos dejó perplejos a la mayoría. Así Steven Wilson dio por hecho que es uno de los grandes, todo es pasión, creatividad y corazón.






sábado, 2 de marzo de 2013

Steven Wilson: The raven that refused to sing and other stories



The raven that refused to sing (and other stories)


"Cuando el hombre deja de crear, deja de existir"
Lord Byron




  
Hace muchos años ignoraba el trabajo de Porcupine Tree, “Up the Downstair” había llegado a mis manos allá en el lejano año 2003, el cual escuché una sola vez de corrido, me sorprendió pero no lo digerí  del todo y lo guardé. Olvidado quedo durante algunos años, hasta que volví a escuchar a éste grupo…

Hace más de un par de años que el álbum “The Incident” se volvió preferido y referencia en mi vida, no es lo mismo tener  quince años que veintitantos, las cosas se viven de otra manera y por lo tanto se comprenden  de otra… y conforme van pasando los años se adquiere dicha, dolor, pérdidas, que al fin y al cabo nos llevan al conocimiento y al crecimiento.

Supongo que todos pasamos por ese proceso, en veinte años quizá pueda mirar las cosas distintas  a  como las miro ahora. Y lo mismo pasa con la manera de expresarnos, como la música.

Después del lanzamiento de “The Incident” (además de otros proyectos alternos a Porcupine Tree) Steven Wilson nos deleitó con su álbum solista “Insurgentes” y hace dos nos sorprendió con “Grace Of Drowning”.

Hace diez años que escuché por primera vez algo de su trabajo, y hoy, tal como aquel día “The raven that refused to sing (and other stories)”  me ha sorprendido, y en nada se parece a lo que escuché en aquel entonces.

Hasta cierto punto suena ilógico comparar una obra hecha veinte años atrás, con un trabajo solista actual, aunque se sea el creador del mismo (tampoco es mi objetivo hacer comparaciones) pero resulta interesante la evolución del autor de ambas obras.

“The raven that refused to sing…” es una obra llena de matices (como todos los trabajos de Wilson), va del funk / jazz  de “Luminol”, hasta la más profunda melancolía del tema que le da nombre al disco (es imposible que no se los llenen los ojos de lágrimas al escuchar  “Sing to me raven/ I miss her so much / Sing to me Lily I miss you so much” ) pasando por guitarras densas y dramáticas como en “Drive Home”.  Las notas progresivas  en “The Holy Drinker” hacen que sea una gran explosión de sonoridad; “The Pin Drop” es mucho más eléctrica que las anteriores, pero los coros son sublimes,  y “The Watchmaker” es mucho más densa y a ratos el piano nos puede parecer nostálgico, la amalgama que crea el bajo, la flauta y el mellotrón es impresionante. Al fin y al cabo las historias que aquí se cuentan son oscuras, puesto que nos relatan encuentros con fantasmas y sucesos sobrenaturales, por eso no resulta extraño que este cargado de tanta melancolía.  

Las seis historias “relatadas” en el álbum se pueden leer en el libro incluido en una de las ediciones especiales del disco. Todas ellas salidas de la mente de Steven Wilson, quien no se queda quieto y crea y crea, se  reinventa como artista sin perder su esencia.

Quizá pasen otros veinte años y  “The raven that refused to sing and other stories” sea un referencia en la historia de la música, o quizá no lo sea, lo que es cierto es que Steven Wilson es hoy por hoy una de las más grandes figuras de la música de nuestros días, como lo sigue siendo Robert Fripp o Roger Waters, hoy él está a la altura de esos dos genios del prog y la psicodelia. ¿Será que en veinte años nos pueda regalar otra obra magistral como ésta? ¿O se contagiará y hará giras presentando lo mismo pero más grande (y más costoso cada vez)? ¿O se retirará cuando ya no tenga nada que ofrecer como artista? … Los años nos dan madurez y también nos darán las respuestas. Hoy solo nos resta escuchar el trabajo de éste gran artista.



lunes, 31 de diciembre de 2012

Los discos del 2012 … Bueno, los que adquirí!


Revolution
 Lacrimosa


Qué hay que decir de éste álbum? mucho. El tan esperado lanzamiento resultó no sorprender… en realidad sí, pero creo que para mal. Lacrimosa últimamente se repite a sí mismo, por lo tanto esperábamos algo con aire a Lichtgestalt, quizá algo más parecido a Sehnsucht, pero no fue así. Quizá si Tilo hubiera considerado algunas piezas que incluye éste material para Snake Skin, hubiera estado perfecto….



En lo personal, no me gustó, y me atrevo a decir que es el peor disco… si la edición especial está muy bonita, las fotos del interior también lo son, Anne  se ve sensual como siempre, Tilo se ve igual que  los últimos dos álbumes,  y si, ya sé que la imagen no es lo que  cuenta, pero hasta esos pequeños detalles me hacen pensar que ya tiene flojera de hacer música, lo cual sería respetable, y tal vez lo mejor.

Las canciones:

Verloren, es mucho mas eléctrica, el sintetizador la hace interesante, la letra sobre el desamor, un amor que se ha perdido. This Is The Night  es  bastante pegajosa y suena más o menos bien. Feuerzug junto con su introducción, me parece también de lo más rescatable, la letra también es profunda. Es bueno que hayan considerado el piano en ésta rola para las presentaciones en vivo. Refugium es “bonita”, es melancólica, es simple al mismo tiempo.
Igual y soy yo, pero creo que Weil Du Hilfe Brauchst  suena más al Lacrimosa de los últimos discos, eso no le resta intensidad ni belleza a la pieza, ni a la letra, pero es como si sobrara una pieza de Sehnsucht.

Rote Sinfonie es una pieza larga, arreglos orquestales interesantes, siempre si suena a lo de antes, a Echos, a Fassade. Anne tampoco canta en ésta pieza, no se extrañan sus coros, hubiera sido perfecta para cerrar Revolution, pero no fue así.

El disco abre con Irgendein Arsch ist immer unterwegs ,  If the world stood still a day es interpretada por  Anne Nurmi, y en cuanto a la letra… es bastante simple.
Revolution es el tema que cierra el disco.

Para los coleccionistas está bien, para el fan enfermo  es una GRAN OBRA MAESTRA, para cualquier melómano, un disco que no es fundamental, nada obligatorio en la discoteca.


Act I
Tarja Turunen


Grabado en Rosario Argentina, Tarja compila dos de sus trabajos solistas y algunos temas emblemáticos de su época en Nightwish .


Ya todos sabemos que Turunen posee una voz increíble, la hemos visto varias veces, pero supongo que es difícil  estar “sola” en el escenario. Durante muchos años la banda liderada por Tuomas Holopainen la acompañaba, y viceversa, se apoyaban, Tarja era la voz pero no la banda (después de la separación  seguimos pensando que si). Obviamente  al salir del grupo buscó su propio camino, My Winter Storm, su primer álbum sola,  tuvo severas críticas, sorprendió a propios y a extraños. What Lies Beneath, suena mucho más maduro, hay más equilibrio, es oscuro pero es bello, y no hay tantas canciones, solo las necesarias.

Con éste álbum en vivo, demuestra la calidad de la producción, el apoyo de la banda hacia ella, entonces ella se suelta. Es elegante, es intensa, es bella y tiene un tono humilde. Por eso se ha ganado el respeto y la admiración de muchos.

Las canciones sobresalientes  :

Anteroom Of Death, My Little Phoenix, Falling Awake, Into The Sun, Nemo , Never Enough, Still Of The Night, Boy And The Ghost , Lost Northern Star, Underneath. Oasis y The Archive Of Lost Dreams, son ejecutadas en piano por Tarja. Crimson Deep, The Phantom Of The Opera, Until My Last Breath, Over The Hills And Far Away.

Cabe señalar que en el DVD  se incluye el set acústico, Rivers of Lust,  Minor Heaven Montañas De Silencio  Sing For Me, I Feel Immortal son las interpretadas en ésta versión;  y obviamente material extra.

Si usted no tiene ningún disco de Tarja, éste puede ser una muy buena opción, si usted es fan, qué espera para comprarlo?


Grace of Drowning
Steven Wilson


El rock progresivo se caracteriza por ser complejo en su ejecución y a veces resulta también en su entendimiento, Grace of Drowning es un ejemplo de ello. A diferencia de Insurgentes, no es tan fácil de digerir a la primera escucha. El álbum tiene muchos matices. Es muy intenso, hay aires de metal, hay jazz, es oscuro a ratos, la influencia de King Crimson sobre Steven Wilson en notabilísima.

Cuando se es el genio creativo tras una banda, pudiera suceder que tu trabajo solista suene a tu grupo (en el caso de Wilson se corre el peligro de sonar a una de tantas). Supongo que para un músico debe ser difícil ese reto, y queda claro que para éste hombre nada es imposible. Grace of Drowning no suena a ningún disco de Porcupine Tree, ni a Blackfield, ni a ninguno de sus otros proyectos, pero si se nota que es un trabajo de él.

Wilson es un artista completo. Letrista, guitarrista, tecladista, sabe cómo manejar el mellotrón, en fin, un verdadero multiinstrumentista.  Y este disco sorprende al escucha, tenga que ver con el género o no.

Este álbum es doble, no es un álbum conceptual, no se escucha de corrido, hay que darle su espacio, su tiempo, así lo sugiere su creador.

Las canciones:

El Disco 1 lleva por título  “Deform to Form a Star” y contiene:
Grace For Drowning, Sectarian, Deform To Form A Star, No Part Of Me, Postcard, Raider Prelude, Remainder The Black Dog

Disco 2: “Like Dust I Have Cleared from My Eye”
Belle De Jour, Index, Track One, Raider II, Like Dust I Have Cleared From My Eye

Sin duda es uno de los mejores discos que se hicieron en 2011, y en la historia de la música contemporánea.  Y para completar este festín de sonoridad, es bueno recomendar el DVD Get all you Deserve, grabado en el Teatro Metropolitan en Abril de 2012, en él podrá ser testigo de la genialidad de éste músico.